sábado, 15 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
miércoles, 29 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
AVAL Avance Liberal
En Rosario se conformó el grupo AVAL
El sábado 18 de junio en la sede de la fundación libertad de Rosario, se realizó la segunda reunión de formación de Aval (Avance liberal), red de jóvenes liberales de América latina, auspiciada por la fundación Friedrich Naumann y la Fundación libertad de Rosario.
La nueva organización tiene como objetivo, posicionar a través de los jóvenes, las ideas, principios y valores de la libertad, en el debate político contemporáneo,
La visión de Aval es la de una sociedad integrada por individuos libres y responsables que en su particular búsqueda de la felicidad comprendan que el respeto irrestricto a los proyectos de vida de los otros, al fruto del trabajo propio y ajeno, debe regir las relaciones entre las personas en una sociedad libre.
AVAL logra su misión por medio de Campaña de difusión para distintos sectores de la sociedad civil, y a través de programas de capacitación dirigidos a jóvenes.
Aval cuenta con representantes en distintos puntos de Latinoamérica, como Argentina, Venezuela, Colombia, Perú, Guatemala y México.
En Argentina las autoridades son.
Presidente Dr. José Guillermo Godoy (Director General de Junior Achievement Tucumán),
Coordinadores locales.
Rosario.
Victoria Tartaglia (Partido liberal libertario)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Dra. Jimena Castiñeira Arce (Unión por Todos)
Mendoza.
Ing. Iván Derlich (Universidad Nacional de Cuyo)
Bariloche.
Nicolás Caram (Razón y libertad)
Provincia de Buenos Aires.
Joaquín Cortés Conde (quenotepisen.net)
San Juan.
Hugo Toledo (Universidad Nacional de Cuyo)
Tucumán
Dr. Máximo Wilde (CEIN
domingo, 27 de diciembre de 2009
lunes, 13 de julio de 2009
¿QUÉ ES EL LIBERTARIANISMO?
Llegué a este artículo gracias a Gerardo Kaprav
por Martin Masse
Director del webzine libertario Le Québécois Libre
¿En qué creen los libertarianos? En pocas palabras, creen que la libertad individual es el valor fundamental que debe subyacer a todas las relaciones sociales, intercambios económicos y al sistema político. Creen que la cooperación voluntaria entre individuos en un mercado libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el Estado. Creen que el rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad – tales como distribuir la riqueza, "promover" la cultura, "apoyar" al sector agrícola, o "ayudar" a pequeñas empresas – sino el limitarse a si mismo a la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos persigan sus propios fines de un modo pacífico.
Los libertarianos esencialmente predican la libertad en todos los campos, incluyendo el derecho a lo que uno quiera con su propio cuerpo mientras esto no infrinja la propiedad e igual libertad de otros. En este sentido, creen que la gente que quiere tomar drogas, ver pornografía, prostituirse o pagar por una prostituta, o comprometerse en cualquier clase de actividad sexual consensual, debería poder hacerlo sin ser importunada por la ley y asediada por la policía.
Sin embargo, como libertarianos – esto es, tomando en cuenta sus preferencias personales – no abogan por un modo de vida libertino más que cualquier otro, y uno no debería confundir las dos palabras. Lo que ellos dicen es que a cada persona se le debe permitir elegir las creencias y el modo de vida que le es apropiada, ya sea ascetismo o libertinaje, moralismo religioso o relativismo moral. Los libertarios igualmente defenderán el derecho del libertino a vivir en el libertinaje tanto como el de los padres fundamentalistas religiosos a educar a sus hijos de acuerdo con sus muy estrictas creencias.
Los libertarianos apoyan la igualdad formal de cada uno y de todos ante la ley, pero se preocupan poco sobre las desigualdades entre ricos y pobres, que son inevitables y que sólo pueden ser reducidas afectando la libertad personal y reduciendo la prosperidad general. Para ellos, el mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema de libre empresa y libre intercambio y permitir que las iniciativas de caridad privada vayan en rescate de los necesitados, las que son más efectivas y mejor justificadas moralmente que los programas estatales de transferencia de riqueza.
Los libertarianos creen que el único modo de asegurar el mantenimiento de la libertad personal es garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada y limitar lo más que se pueda el tamaño de gobierno y el espectro de sus intervenciones. No confían en el Estado – cuyos administradores proclaman actuar en el nombre de abstractos intereses colectivos – cuando se trata de proteger la libertad individual. Mientras de acuerdo a las ideologías colectivistas un orden social económico viable sólo puede ser impuesto y mantenido por el Estado, los académicos libertarios han mostrado por el contrario que es la acción descentralizada de individuos que persiguen sus propios fines en un mercado libre lo que hace posible crear y mantener este orden espontáneo, traer prosperidad y sostener la compleja civilización en la que vivimos.
Así, los libertarianos rechazan el principal desarrollo político del siglo veinte, esto es, el sostenido crecimiento del tamaño del Estado y del rango de sus intervenciones en las vidas privadas de los ciudadanos (para tomar un ejemplo sorprendente, en 1926 los gastos públicos estatales equivalían a solo 15% del producto nacional bruto de Canadá, hoy es alrededor del 45%).
Libertarianos vs. Conservadores
Dentro del marco político norteamericano del periodo posterior a la segunda guerra mundial los libertarianos se aliaron con los conservadores en su lucha contra el comunismo y el socialismo. Por esto mucha gente tiende a confundir ambas filosofías y a ponerlas en el lado derecho del espectro político, siguiendo el confuso modelo de derecha vs. izquierda, que es ampliamente utilizado para categorizar ideologías políticas. Pero los libertarios se oponen a los conservadores en varios puntos, en particular en temas sociales (los conservadores frecuentemente tratan de imponer sus valores tradicionales sobre todos usando el poder coercitivo del Estado, por ejemplo cuando apoyan que las drogas y la prostitución sean ilegales o cuando abogan por la discriminación oficial contra homosexuales) y en temas relativos a la defensa y relaciones internacionales (los conservadores se inclinan apoyar el militarismo y las intervenciones imperialistas en el extranjero, mientras los libertarianos abogan, cuando es posible, por el aislacionismo y la no intervención en conflictos externos).
De hecho los conservadores valoran la autoridad en sí misma no se oponen al poder estatal en base a principios, sólo lo hacen así cuando las metas estatales no son las mismas que las suyas. Por el contrario, los libertarios rechazan cualquier forma de intervención gubernamental. Muchos de ellos piensan que no se caracterizan como derechistas y que el espectro derecha-izquierda debería ser reemplazado por otra que colocaría a estatistas y autoritarios de izquierda y derecha en un lado y a los defensores de la libertad personal en el otro.
Así, los libertarianos se oponen a las ideologías colectivistas de todo tipo, ya sean de izquierda o de derecha, que subrayan la primacía del grupo (nación, clase social, grupo sexual o étnico, comunidad religiosa o de lengua, etc.) cuyo propósito es reglamentar a los individuos en la prosecución de fines colectivos. No niegan la relevancia de estas identidades colectivas, pero proclaman que depende de cada individuo el determinar a que grupos desea pertenecer y contribuir, y no así del Estado y de las instituciones que derivan su poder del Estado que imponen sus propios objetivos de un modo burocrático y coercitivo.
Un Heredero del Liberalismo Clásico
A pesar de que permanece relativamente poco conocida y poco entendida hoy debido a la casi total sumisión de la vida intelectual occidental al pensamiento colectivista a lo largo del siglo veinte, la filosofía libertariana no es una rara filosofía marginal, propagada sólo por un pequeño grupo de utopistas desconectados de la realidad. Por el contrario, es heredero de la más importante escuela económica y política occidental de los últimos siglos, el liberalismo clásico, una filosofía elaborada por pensadores como John Locke y Adam Smith. Empezando en el siglo 17, son los liberales los que pelearon por una ampliacíon de las libertades políticas, económicas y sociales contra el poder de los monarcas y los privilegios de los aristócratas. Los principios liberales están en las raíces de la constitución americana, y uno puede decir que los Estados Unidos tanto como Gran Bretaña y Canadá fueron largamente gobernados de un modo liberal a través del siglo 19 hasta inicios del siglo 20.
« Los libertarianos creen que el único modo de asegurar el mantenimiento de la libertad personal es garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada y limitar lo más que se pueda el tamaño de gobierno y el espectro de sus intervenciones. »
Entonces, ¿por qué no usar la palabra liberal en vez de libertariano? Porque éste termino, precisamente desde principios del siglo 19, tomo nuevos sentidos que no son nada compatibles con la defensa de la libertad individual. En Gran Bretaña y Canadá, supuestos partidos liberales de hecho sólo son un poco más moderados que los socialistas admitidos en sus inclinaciones a usar el poder estatal y en su falta de respeto por los derechos individuales. Peor aún, en los Estados Unidos, un liberal es un izquierdista que aboga por la distribución de la riqueza, alguien que apoya un gobierno grande que interfiere en todo las vidas de las gentes, que trata de resolver todos los problemas reales o imaginarios con impuestos y gastos, y que crea programas burocráticos para cada causa buena; en breve, el liberalismo de hoy apunta a crear un estado tiránico que no duda en entrampar la libertad individual en nombre de una utopía colectivista inalcanzable. Este tipo de liberalismo no tiene nada que ver con el liberalismo clásico.
Los libertarianos de hoy están inspirados por los primeros periodos del progreso liberal pero, después de un siglo durante el cual las ideologías colectivistas y totalitarias han dominado, se dan cuenta que el liberalismo clásico no era fuerte o suficientemente fundamentado como para detener la marea alta del estatismo. Son más coherentes o, algunos podrían decir, radicales que los liberales tradicionales en su defensa de la libertad personal y la libertad de mercado y en su oposición al poder estatal.
Un Movimiento Pluralista
Como todos los movimientos filosóficos el libertarianismo es variado, contiene varias escuelas y subgrupos, y uno no encontrará una unanimidad en sus justificaciones teóricas, sus fines como en la estrategia que debería adoptarse para alcanzarlos. En Norteamérica a la mayoría de los que se llaman a sí mismos libertarios les gustaría ver que el Estado vuelva a pocas funciones esenciales, en particular defensa, relaciones exteriores, justicia, la protección de la propiedad privada, los derechos individuales, y algunas otras responsabilidades menores. Todas las funciones restantes deberían ser privatizadas. En el contexto de un Estado federal muy descentralizado, los libertarios aceptan sin embargo que las autoridades locales (Estados constituyentes, provincias, regiones o municipios) pueden intervenir en otros campos y ofrecer varios tipos de arreglos económicos y sociales, en tanto que los ciudadanos insatisfechos fácilmente pueden moverse a otras jurisdicciones.
Algunos libertarianos de la escuela "anarco-capitalista" abogan por la desaparición completa del Estado y la privatización inclusive de las funciones básicas anteriormente mencionadas. Esta meta puede parecer extrema o ridícula a primera vista, pero se basa en una argumentación teórica plausible. Por ejemplo es fácil imaginar que uno podría remplazar el Estado o los cuerpos de policía local (con la corrupción, los abusos de poder, la incompetencia y el favoritismo que usualmente los caracteriza, todo hecho frecuentemente con impunidad) con agencias de seguridad privada, que obtendrían ganancias sólo en la medida en la que realmente protejan a los ciudadanos y combatan a los verdaderos criminales. Los anarco-capitalistas usan el mismo tipo de argumentos para apoyar la privatización del ejército y las cortes lo cual no dejaría nada que hacer para el Estado. Las empresas privadas proveerían todos los servicios que los individuos podrían necesitar en un mercado libre puro.
En un contexto donde el gasto público ahora alcanza a casi la mitad de todo lo que es producido y en el que los gobiernos continúan adoptando ley tras ley para incrementar su control sobre nuestras vidas, una meta libertaria más realista es simplemente el revertir esta tendencia y pelear por cualquier avance práctico de la libertad y cualquier reducción concreta de la tiranía estatal.
Los libertarianos son los únicos predispuestos a entrar en ésta lucha sin comprometer sus creencias. El hecho es que el actual debate ideológico sigue dominado por los estatistas, a pesar de las superficiales controversias políticas que atraen la atención de los medios.
Por un lado los defensores socialistas e izquierdistas de un crecimiento ilimitado en el tamaño del gobierno son una mayoría fuerte entre los lobbies que se alimentan ante el público en y a través de las universidades y los medios. La mayor parte de lo que pasa por periodismo o investigación académica muestra una completa falta de entendimiento de las reglas básicas de la economía de mercado. En el "centro" aquellos que proclamas ser "realistas" admiten que el Estado no puede continuar incrementando el margen de impuestos y crecer indefinidamente, pero ellos simplemente predican una reducción de este crecimiento. El orden establecido de los negocios por su parte estaría satisfecho con algunos cortes menores aquí y allá y algunos de sus miembros cuestionan la estructura corporativista del Estado. Para aquellos que están en la derecha que son descritos como "neoconservadores" radicales su meta propuesta es llevarnos de vuelta a donde estábamos hace veinte o treinta años cuando la tasa de gastos estatales en relación al PIB era del 5 a 10% menor, lo cual seria un paso en la dirección correcta pero dificilmente suficiente.
Uno también tiene que admitir que las llamadas "revoluciones conservadoras" de los últimos veinte años en Gran Bretaña, Canadá y los Estados Unidos realmente no han producido mayor cambio, a pesar de que se implementaron algunas útiles reformas económicas y cortes en los impuestos. Algunos programas y leyes fueron abolidos y el Estado todavía ocupa un lugar dominante en la vida económica y social. Es justo temer que los programas burocráticos empiecen a crecer otra vez ahora que los déficits presupuestarios han sido eliminados y los gobiernos tienen ingresos excedentes para gastar.
Los libertarianos son los únicos que demandan y trabajan por un cambio radical, una drástica reducción del tamaño y rol del Estado, los únicos que valoran la libertad individual sobre todas las cosas. Más y más gente se da cuenta que los libertarios constituyen la única alternativa. El movimiento libertario apenas existió en los sesentas y realmente despego en los Estados Unidos a inicios de los setentas. El Partido Libertariano de los Estados Unidos, fundado en 1971, ahora es el tercero en importancia después de los Republicanos y los Demócratas. Allí donde las filosofías colectivistas y la economía keynesiana acostumbraban a dominar la vida académica, recientemente ha habido un renacimiento del interés por el liberalismo clásico y la economía de libre mercado en las universidades. Finalmente, hoy la filosofía libertaria puede ser encontrada en todo lado en la Internet y su influencia esta creciendo en todos los continentes. Así realistamente podemos esperar que un siglo después del eclipse del liberalismo clásico, su resurgimiento libertariano una ves más llegara a ser una influyente doctrina y movimiento filosófico en el siglo veintiuno.
por Martin Masse
Director del webzine libertario Le Québécois Libre
¿En qué creen los libertarianos? En pocas palabras, creen que la libertad individual es el valor fundamental que debe subyacer a todas las relaciones sociales, intercambios económicos y al sistema político. Creen que la cooperación voluntaria entre individuos en un mercado libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el Estado. Creen que el rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad – tales como distribuir la riqueza, "promover" la cultura, "apoyar" al sector agrícola, o "ayudar" a pequeñas empresas – sino el limitarse a si mismo a la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos persigan sus propios fines de un modo pacífico.
Los libertarianos esencialmente predican la libertad en todos los campos, incluyendo el derecho a lo que uno quiera con su propio cuerpo mientras esto no infrinja la propiedad e igual libertad de otros. En este sentido, creen que la gente que quiere tomar drogas, ver pornografía, prostituirse o pagar por una prostituta, o comprometerse en cualquier clase de actividad sexual consensual, debería poder hacerlo sin ser importunada por la ley y asediada por la policía.
Sin embargo, como libertarianos – esto es, tomando en cuenta sus preferencias personales – no abogan por un modo de vida libertino más que cualquier otro, y uno no debería confundir las dos palabras. Lo que ellos dicen es que a cada persona se le debe permitir elegir las creencias y el modo de vida que le es apropiada, ya sea ascetismo o libertinaje, moralismo religioso o relativismo moral. Los libertarios igualmente defenderán el derecho del libertino a vivir en el libertinaje tanto como el de los padres fundamentalistas religiosos a educar a sus hijos de acuerdo con sus muy estrictas creencias.
Los libertarianos apoyan la igualdad formal de cada uno y de todos ante la ley, pero se preocupan poco sobre las desigualdades entre ricos y pobres, que son inevitables y que sólo pueden ser reducidas afectando la libertad personal y reduciendo la prosperidad general. Para ellos, el mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema de libre empresa y libre intercambio y permitir que las iniciativas de caridad privada vayan en rescate de los necesitados, las que son más efectivas y mejor justificadas moralmente que los programas estatales de transferencia de riqueza.
Los libertarianos creen que el único modo de asegurar el mantenimiento de la libertad personal es garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada y limitar lo más que se pueda el tamaño de gobierno y el espectro de sus intervenciones. No confían en el Estado – cuyos administradores proclaman actuar en el nombre de abstractos intereses colectivos – cuando se trata de proteger la libertad individual. Mientras de acuerdo a las ideologías colectivistas un orden social económico viable sólo puede ser impuesto y mantenido por el Estado, los académicos libertarios han mostrado por el contrario que es la acción descentralizada de individuos que persiguen sus propios fines en un mercado libre lo que hace posible crear y mantener este orden espontáneo, traer prosperidad y sostener la compleja civilización en la que vivimos.
Así, los libertarianos rechazan el principal desarrollo político del siglo veinte, esto es, el sostenido crecimiento del tamaño del Estado y del rango de sus intervenciones en las vidas privadas de los ciudadanos (para tomar un ejemplo sorprendente, en 1926 los gastos públicos estatales equivalían a solo 15% del producto nacional bruto de Canadá, hoy es alrededor del 45%).
Libertarianos vs. Conservadores
Dentro del marco político norteamericano del periodo posterior a la segunda guerra mundial los libertarianos se aliaron con los conservadores en su lucha contra el comunismo y el socialismo. Por esto mucha gente tiende a confundir ambas filosofías y a ponerlas en el lado derecho del espectro político, siguiendo el confuso modelo de derecha vs. izquierda, que es ampliamente utilizado para categorizar ideologías políticas. Pero los libertarios se oponen a los conservadores en varios puntos, en particular en temas sociales (los conservadores frecuentemente tratan de imponer sus valores tradicionales sobre todos usando el poder coercitivo del Estado, por ejemplo cuando apoyan que las drogas y la prostitución sean ilegales o cuando abogan por la discriminación oficial contra homosexuales) y en temas relativos a la defensa y relaciones internacionales (los conservadores se inclinan apoyar el militarismo y las intervenciones imperialistas en el extranjero, mientras los libertarianos abogan, cuando es posible, por el aislacionismo y la no intervención en conflictos externos).
De hecho los conservadores valoran la autoridad en sí misma no se oponen al poder estatal en base a principios, sólo lo hacen así cuando las metas estatales no son las mismas que las suyas. Por el contrario, los libertarios rechazan cualquier forma de intervención gubernamental. Muchos de ellos piensan que no se caracterizan como derechistas y que el espectro derecha-izquierda debería ser reemplazado por otra que colocaría a estatistas y autoritarios de izquierda y derecha en un lado y a los defensores de la libertad personal en el otro.
Así, los libertarianos se oponen a las ideologías colectivistas de todo tipo, ya sean de izquierda o de derecha, que subrayan la primacía del grupo (nación, clase social, grupo sexual o étnico, comunidad religiosa o de lengua, etc.) cuyo propósito es reglamentar a los individuos en la prosecución de fines colectivos. No niegan la relevancia de estas identidades colectivas, pero proclaman que depende de cada individuo el determinar a que grupos desea pertenecer y contribuir, y no así del Estado y de las instituciones que derivan su poder del Estado que imponen sus propios objetivos de un modo burocrático y coercitivo.
Un Heredero del Liberalismo Clásico
A pesar de que permanece relativamente poco conocida y poco entendida hoy debido a la casi total sumisión de la vida intelectual occidental al pensamiento colectivista a lo largo del siglo veinte, la filosofía libertariana no es una rara filosofía marginal, propagada sólo por un pequeño grupo de utopistas desconectados de la realidad. Por el contrario, es heredero de la más importante escuela económica y política occidental de los últimos siglos, el liberalismo clásico, una filosofía elaborada por pensadores como John Locke y Adam Smith. Empezando en el siglo 17, son los liberales los que pelearon por una ampliacíon de las libertades políticas, económicas y sociales contra el poder de los monarcas y los privilegios de los aristócratas. Los principios liberales están en las raíces de la constitución americana, y uno puede decir que los Estados Unidos tanto como Gran Bretaña y Canadá fueron largamente gobernados de un modo liberal a través del siglo 19 hasta inicios del siglo 20.
« Los libertarianos creen que el único modo de asegurar el mantenimiento de la libertad personal es garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada y limitar lo más que se pueda el tamaño de gobierno y el espectro de sus intervenciones. »
Entonces, ¿por qué no usar la palabra liberal en vez de libertariano? Porque éste termino, precisamente desde principios del siglo 19, tomo nuevos sentidos que no son nada compatibles con la defensa de la libertad individual. En Gran Bretaña y Canadá, supuestos partidos liberales de hecho sólo son un poco más moderados que los socialistas admitidos en sus inclinaciones a usar el poder estatal y en su falta de respeto por los derechos individuales. Peor aún, en los Estados Unidos, un liberal es un izquierdista que aboga por la distribución de la riqueza, alguien que apoya un gobierno grande que interfiere en todo las vidas de las gentes, que trata de resolver todos los problemas reales o imaginarios con impuestos y gastos, y que crea programas burocráticos para cada causa buena; en breve, el liberalismo de hoy apunta a crear un estado tiránico que no duda en entrampar la libertad individual en nombre de una utopía colectivista inalcanzable. Este tipo de liberalismo no tiene nada que ver con el liberalismo clásico.
Los libertarianos de hoy están inspirados por los primeros periodos del progreso liberal pero, después de un siglo durante el cual las ideologías colectivistas y totalitarias han dominado, se dan cuenta que el liberalismo clásico no era fuerte o suficientemente fundamentado como para detener la marea alta del estatismo. Son más coherentes o, algunos podrían decir, radicales que los liberales tradicionales en su defensa de la libertad personal y la libertad de mercado y en su oposición al poder estatal.
Un Movimiento Pluralista
Como todos los movimientos filosóficos el libertarianismo es variado, contiene varias escuelas y subgrupos, y uno no encontrará una unanimidad en sus justificaciones teóricas, sus fines como en la estrategia que debería adoptarse para alcanzarlos. En Norteamérica a la mayoría de los que se llaman a sí mismos libertarios les gustaría ver que el Estado vuelva a pocas funciones esenciales, en particular defensa, relaciones exteriores, justicia, la protección de la propiedad privada, los derechos individuales, y algunas otras responsabilidades menores. Todas las funciones restantes deberían ser privatizadas. En el contexto de un Estado federal muy descentralizado, los libertarios aceptan sin embargo que las autoridades locales (Estados constituyentes, provincias, regiones o municipios) pueden intervenir en otros campos y ofrecer varios tipos de arreglos económicos y sociales, en tanto que los ciudadanos insatisfechos fácilmente pueden moverse a otras jurisdicciones.
Algunos libertarianos de la escuela "anarco-capitalista" abogan por la desaparición completa del Estado y la privatización inclusive de las funciones básicas anteriormente mencionadas. Esta meta puede parecer extrema o ridícula a primera vista, pero se basa en una argumentación teórica plausible. Por ejemplo es fácil imaginar que uno podría remplazar el Estado o los cuerpos de policía local (con la corrupción, los abusos de poder, la incompetencia y el favoritismo que usualmente los caracteriza, todo hecho frecuentemente con impunidad) con agencias de seguridad privada, que obtendrían ganancias sólo en la medida en la que realmente protejan a los ciudadanos y combatan a los verdaderos criminales. Los anarco-capitalistas usan el mismo tipo de argumentos para apoyar la privatización del ejército y las cortes lo cual no dejaría nada que hacer para el Estado. Las empresas privadas proveerían todos los servicios que los individuos podrían necesitar en un mercado libre puro.
En un contexto donde el gasto público ahora alcanza a casi la mitad de todo lo que es producido y en el que los gobiernos continúan adoptando ley tras ley para incrementar su control sobre nuestras vidas, una meta libertaria más realista es simplemente el revertir esta tendencia y pelear por cualquier avance práctico de la libertad y cualquier reducción concreta de la tiranía estatal.
Los libertarianos son los únicos predispuestos a entrar en ésta lucha sin comprometer sus creencias. El hecho es que el actual debate ideológico sigue dominado por los estatistas, a pesar de las superficiales controversias políticas que atraen la atención de los medios.
Por un lado los defensores socialistas e izquierdistas de un crecimiento ilimitado en el tamaño del gobierno son una mayoría fuerte entre los lobbies que se alimentan ante el público en y a través de las universidades y los medios. La mayor parte de lo que pasa por periodismo o investigación académica muestra una completa falta de entendimiento de las reglas básicas de la economía de mercado. En el "centro" aquellos que proclamas ser "realistas" admiten que el Estado no puede continuar incrementando el margen de impuestos y crecer indefinidamente, pero ellos simplemente predican una reducción de este crecimiento. El orden establecido de los negocios por su parte estaría satisfecho con algunos cortes menores aquí y allá y algunos de sus miembros cuestionan la estructura corporativista del Estado. Para aquellos que están en la derecha que son descritos como "neoconservadores" radicales su meta propuesta es llevarnos de vuelta a donde estábamos hace veinte o treinta años cuando la tasa de gastos estatales en relación al PIB era del 5 a 10% menor, lo cual seria un paso en la dirección correcta pero dificilmente suficiente.
Uno también tiene que admitir que las llamadas "revoluciones conservadoras" de los últimos veinte años en Gran Bretaña, Canadá y los Estados Unidos realmente no han producido mayor cambio, a pesar de que se implementaron algunas útiles reformas económicas y cortes en los impuestos. Algunos programas y leyes fueron abolidos y el Estado todavía ocupa un lugar dominante en la vida económica y social. Es justo temer que los programas burocráticos empiecen a crecer otra vez ahora que los déficits presupuestarios han sido eliminados y los gobiernos tienen ingresos excedentes para gastar.
Los libertarianos son los únicos que demandan y trabajan por un cambio radical, una drástica reducción del tamaño y rol del Estado, los únicos que valoran la libertad individual sobre todas las cosas. Más y más gente se da cuenta que los libertarios constituyen la única alternativa. El movimiento libertario apenas existió en los sesentas y realmente despego en los Estados Unidos a inicios de los setentas. El Partido Libertariano de los Estados Unidos, fundado en 1971, ahora es el tercero en importancia después de los Republicanos y los Demócratas. Allí donde las filosofías colectivistas y la economía keynesiana acostumbraban a dominar la vida académica, recientemente ha habido un renacimiento del interés por el liberalismo clásico y la economía de libre mercado en las universidades. Finalmente, hoy la filosofía libertaria puede ser encontrada en todo lado en la Internet y su influencia esta creciendo en todos los continentes. Así realistamente podemos esperar que un siglo después del eclipse del liberalismo clásico, su resurgimiento libertariano una ves más llegara a ser una influyente doctrina y movimiento filosófico en el siglo veintiuno.
sábado, 20 de junio de 2009
Su vida iluminó el texto
García Hamilton in Memoriam.
Conocí a José Ignacio en un caluroso anochecer santiagueño. Yo era uno de sus tantos seguidores anónimos que no quería perder la oportunidad de conocerlo en persona y la ocasión era un seminario sobre el caudillismo en la UCSE. Corria el año 2004. Al finalizar la disertación, el destino me dio la valentía para suprimir la timidez y el nerviosismo. Me acerqué a hablarle, con entrecortada voz, y a partir de allí de alguna manera, cambio parte de mi vida.
Su amistad dio sentido a los días vacíos de la universidad normal. Los intercambios y las discusiones epistolares fueron una particular manera de estar junto a él.
En un hombre de pensamiento como José Ignacio, es ese pensamiento la materia más importante para la reflexión y el análisis, pero no por ello hay que dejar de mencionar su vida, de la que se, tanto por sus propios relatos como por las anécdotas de su amigo el Dr. Hernán Frías Silva, a quien tengo el gusto de acompañar en la cátedra de historia, por recomendación del propio José Ignacio.
Su vida ilumino el texto. Puede pensarse inclusive que su vida y su texto no son sino una unidad, artificialmente dividida por algunas concepciones estéticas y disciplinarias. Su vida configura un texto susceptible de ser examinado. Y si la vida está dotada de una “textualidad” que le es propia, ¿qué clase de relación tendrá ella con lo que es, en sentido estricto, texto o discurso? Su vida fue una lucha por espacios de libertad. Al decir de Richard de Montaigne, él mismo era el tema de sus libros.
¿Es un ensayista? ¿Es un político? ¿Es un periodista? Parece ser todas esas cosas a un tiempo, y no es del todo ninguna de ellas con exclusividad. Quizá sólo el carácter de escritor que reflexiona, tal como definimos en la Argentina a ese oficio, que no consiste en la mera redacción de libros, sea el que define, en parte, a este pensador curioso y audaz, que reformula y amplía la principal veta temática de sus trabajos. Se aparta deliberadamente de los cánones del mundo académico, que según él son demasiados “pulcros”, con el sentido que otorga a esta palabra. José Ignacio, no fue un académico convencional y en algún momento escribió un artículo sobre esto. (Un intelectual contra la tendencia a caer).
Fue el último de los especimenes del político- intelectual. Con su extraordinaria capacidad superó la disyuntiva del intelectual y el hombre de acción.
Vista desde lejos, su obra posee la coherencia interna de los edificios que construye un teórico. José Ignacio concibió una tarea desmesurada, como es la de interpretar a Argentina. Para ello decidió, de una manera cartesiana, construir las herramientas que debían permitirle esa interpretación, pues uno de los supuestos de los que partió es que las interpretaciones vigentes negaban y ocultaban las verdaderas causas de la decadencia nacional.
La dialéctica novela- ensayo, tiene un sentido. En sus novelas, no solo saca a relucir la ineludible faceta de aquellos próceres que recubrieron nuestra juventud de sueños virtuosos e idealistas: la humanidad y sus necesarias limitaciones, sino sobre todo desmitifica el mito y crea las bases para la descripción de lo que él llamó las instuciones informales (North dixit). Por esta vía ha rastreado en la historia de Latinoamérica los elementos que configuraron el absolutismo político, el militarismo, el incumplimiento de la ley, el estatismo económico y el fanatismo religioso. En los ensayos desarrolla de forma expresa su tesis que da sentido a toda su obra, sin dejar de lado el apasionante debate ideológico.
En ese sentido, Por que crecen los países, aunque sin ser su mejor trabajo, es el que resume con mayor claridad su tesis y es en donde aborda el debate ideológico. En la misma describe como las instituciones informales (North dixit), que en la Argentina a partir de 1908 se formaron con los modelos del "militar que muere pobre", “el gaucho pobre que se hizo violento”, “la victima” y “la Dama Buena que Regala lo Ajeno,” reemplazaron a la institución formal La Consotución Nacional
Los cuatro paradigmas que estudia glorifican valores contrarios a nuestra Constitución. Concluye que tenemos una institución que intenta limitar a los gobiernos y santificar las leyes, pero educamos con unas creencias que son contrarias a aquellos valores. Borges dijo que el "canto a la ruptura de las leyes y la exaltación de la marginalidad se constituyeron en la epopeya nacional" (en referencia a Martín Fierro). Y así también en los casos de los otros dos arquetipos.
Debo reconocer que no conozco ningún autor contemporáneo que haya tratado este tema en esta forma y haya dado una explicación de la declinación argentina por esta vía de las causas culturales.
De alguna manera Sarmiento en el Facundo, intento explicar la dictadura rosista a través de la existencia de personajes de la pampa como el “gaucho malo”, “el rastreador y el baqueano”, mientras que en Por que crecen los países, José Ignacio trata de explicar la declinación argentina por medio de los modelos o paradigmas del "militar que muere pobre", el "gaucho pobre que se hace violento", la "victima" o "la dama buena que regala lo ajeno".
En el debate ideológico, siguiendo la tradición austriaca compara estructuralmente el fascismo con la izquierda. Contrasta, sin citarlo, con José Pablo Feinmann, quien siguiendo la tradición marxista, considera al fascismo/nazismo, como una fase del capitalismo. En este sentido, con interesantes argumentos comparativos de ambos modelos, aunque no de forma expresa, José Ignacio demuestra la relativa autonomía de lo político, la inter-relación dialéctica entre lo económico y lo política.
Aquí gana el maestro tucumano.
Recuerdo todo esto en homenaje a los innumerables intercambios epistolares, y los enormes comentarios unilaterales y criticas, que le he proporcionado a lo largo de nuestra relación. Suele suceder, que una personas con ciertas pretensiones intelectuales mantenga una relación ambigua con respecto a su maestro: no lo puede desacreditar, por sus dotes académicos inferiores al maestro o porque se beneficia con su prestigio, pero al mismo tiempo, para probar la originalidad propia, debe transformar al antecesor en una etapa a superar, en un logro solo parcial que es preciso corregir, completar y aun modificar sustancialmente. Por ahora solo he podido re-analizar su pensamiento.
Pero la mayor enseñanza que nos pudo dejar a los tantos jóvenes que trabajamos junto él, se encuentra en un terreno más trascendental que el intelectual.
Quizás estos 10 últimos años, que paradójicamente coinciden con lo de su esplendor académico, la muerte fue parte de su vida y acaso esto la haya hecho más especial. Él era una fuente inagotable de vitalidad y generosidad, que hacia imposible imaginárselo en un estado distinto.
José Ignacio, con su accionar, me enseñó que tener insobornable conciencia de nuestro destino mortal no significa sumirnos en la angustia y el terror continuo. Muy por el contrario. Nos permite una vida plena y fluida, pues al no saber en qué momento ha de llegarnos el momento último, por un lado minimizamos nuestra personal importancia, y por el otro buscamos mantener una comunicación plena y sincera con quienes y con lo que nos rodea, expresando en forma continua un profundo respeto y amor por todo y todos.
En fin, José Ignacio me enseño aprovechar cada minuto de la vida como si fuera el último.
José Guillermo Godoy
Presidente CEIN 1816
Director General de Junior Achievement Tucumán.
Etiquetas:
José Ignacio Garcia Hamilton
domingo, 10 de mayo de 2009
Amor en tiempos de retenciones
Hace tiempo tengo la sensación de que muchos dirigentes que piensan distinto desde un punto de vista ideológico, pertenecen al mismo espacio político, y cuantiosos dirigentes que comparten las mismas ideas, están distanciados públicamente.
En este esquema, y en tiempos de cierre de candidaturas, es interesante analizar el proceso de conformación de las alternativas electorales en Argentina, que no varia en lo sustancial de la lógica histórica.
El desgaste de términos como derecha e izquierda, ha llevado a muchos, no solo desde la derecha sino también de la izquierda
–sectores de la socialdemocracia- a declarar que están obsoletos, o que son simplificaciones incapaces de reflejar la compleja realidad actual.
Disiento con estas aseveraciones y considero que siempre que existan políticas alternativas, y en tanto no se imponga la unanimidad totalitaria, una de las opciones deberá estar a la izquierda relativamente de la otra y viceversa.
Retenciones, como representación de un proyecto político.
Quizás sin los tiempos de retenciones no hubiese habido tiempos de dengue. Las retenciones y el discurso distribucionista simbolizan una política contraria a la creación de riqueza que es lo mas importante para el desarrollo social. Es la génesis de la crisis local, agravada por la internacional. La consecuencia de este modelo económico es el dengue, una enfermedad de la pobreza.
Los tiempos de retenciones son, por ende, el origen del deterioro kirchnerista, marcada por la crisis, el divorcio entre el gobierno y la sociedad y todas sus perniciosas consecuencias.
Amor, como representación de lo emocional y de la extraña lógica de las relaciones entre las distintas fuerzas opositoras, que es consecuente con la historia nacional.
La conformación de los llamados partidos políticos argentinos desde un punto de vista histórico, no tuvo que ver con cuestiones ideológicas, que seria lo razonable, sino que estuvieron determinados por el proceso de conformación social de nuestra nación.
El partido liberal (1852), el partido de notables, de comité o parlamentarios, el Partido Autonomista Nacional (PAN), no son más que la expresión de una clase, de un sector social, de un momento histórico, de una minoría que creo el país.
La Unión Cívica Radical es el producto de la corriente aluvional inmigrante de fines del siglo XIX. No significó un proyecto sustancialmente diferente al tradicional conservador, por la sencilla razón de que no tenía proyecto. Además se negaba a llamarse a si mismo partido, es decir una parte, y se autodenominaba movimiento, es decir un todo.
El peronismo es producto de la corriente aluvional del Norte, protagonista a partir de 1930. También se autodenominaba movimiento y en su seno convivían desde socialistas, fascistas, radicales, conservadores y hasta liberales.
El peronismo es todo aquello que el General dijo sobre el peronismo, y como siempre hay un Perón para refutar a otro Perón, el peronismo termina siendo “el todo hegeliano”. El radicalismo, desde Alem con sus ideas liberales, pasando por el yrigoyenismo, el documento Avellaneda, Alfonsín con el tercer movimiento histórico y la desdicha de la Alianza, ha oscilado entre la izquierda y la derecha.
Por desgracia estos son los dos partidos políticos mayoritarios, que paradójicamente siempre se negaron a llamarse partidos. Nunca representaron ideas, proyectos, sino sectores sociales, momentos históricos, formas de conductas. El sentido de pertenencia, los colores partidarios, resultaron siendo más determinantes para su constitución, cohesión y desarrollo, que el debate de las ideas en si mismo.
La constante histórica de antinomias: unitarios y federales, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas, está lejos de la lógica ideológica y muy cerca de la lógica amor- odio.
Pertenecer a un espacio político por amor u odio al adversario, es el fracaso de lo político y el triunfo de la lógica futbolera.
Es cierto que en el mundo términos como izquierda o derecha, progreso o atraso, socialismo o fascismo, democracia y liberalismo, revolución e ideología, están manipulados, distorsionados contaminados y se los emplea en un sentido tan amplio y vago, fluctuante e incierto, que ya no es posible saber bien que es lo que significan.
No es extraño, pues fue así en la historia. Si exceptuamos el fugaz apoyo de los proudhonianos a la dictadura bonapartista de napoleón III puede decirse que el boulangismo fue el primer punto de fusión entre la izquierda y la derecha y el socialismo antidemocrático. Los socialistas blanquistas apoyaron el golpe de Estado del general Boulanger en 1889, constituyendo el primer ejemplo histórico de un paradigma político del siglo siguiente: la izquierda adhiere a un militar nacionalista (Sebreli).
En Francia Maurice Barres lanzó el termino “Socialismo Nacionalista”. Mussolini surgió de las filas del Socialismo y su mentor ideológico, George Sorel, era un sindicalista socialista. Charles Maurras definió al Fascismo como un Socialismo liberado de la democracia y Drieu La Rochelle escribió Socialismo Fascista. En Alemania existía un movimiento, “el Conservadurismo Revolucionario”.
Spengler hablaba de Socialismo Prusiano y el nazismo se denominada Nacionalsocialismo. En la republica de Weimar circulaban sectas a mitad de camino entre el nazismo y el comunismo que se llamaban nacional revolucionarias, o racial bolcheviques. La extrema izquierda de la izquierda coincidía con la extrema derecha de la derecha. Franz Schauwecker, amigo de Ernst Junger, lanzó una consigna “la derecha no puede estar lejos de donde está la izquierda”. Durante el pacto Stalin- Hitler, fascistas y comunistas del mundo entero se manifestaban juntos contra el imperialismo anglosajón.
Pese a esto, el mundo ha evolucionado y las democracias modernas poseen sólidos partidos políticos, con democracia interna, que se alternan en la conducción nacional y representan, desde su génesis, proyectos e ideas diferentes dentro de un mismo paradigma democrático y republicano.
Los politólogos locales han hablado de la destrucción de los partidos tradicionales argentinos en los últimos tiempos y evalúan este proceso como negativo, siendo que no puede ser más que positivo.
“La pasión por la destrucción, también es una pasión creadora” (Bakunin). La destrucción de los partidos tradicionales significaría el fin del movimientismo y debería ser mirado con optimismo. Pero no ha sido así, las nuevas cuasi- estructuras que se disputan la conquista del electorado nacional, que en teoría deberían suplantar a las viejas organizaciones pero que no hacen más que reciclarlas, han burlado la discusión ideológica bajo el paragua del pragmatismo, la aplicación y la gestión, en el caso macrista, y bajo la chicana moral en el caso de la Coalición Cívica.
En este sentido, Elisa Carrio, con muchas mas luces que sus adversarios peronistas, oficialistas y opositores, constituye el paradigma del neo movimientismo. Desdeña el debate ideológico como antigualla y afirma que el mundo marcha hacia nuevos paradigmas que superan la derecha y la izquierda.
No es extraño que reivindique al radicalismo primitivo, como el primer partido fundado en ¿principios? no en ideas políticas.
Quiere juntar en su movimiento a todos aquellos ciudadanos honestos, independientemente de su pensamiento político. Es por eso que en su sitio conviven desde lopezmurphystas hasta socialistas. ¿Y quien queda del otro lado? Para Carrio, todas las personas que no sean honestas, ¡peor a aún! aquellas que ella considera que no son honestas, pues de otro modo se podrían sumar a su movimiento.
Y como lógicamente las personas corruptas le hacen daño al país, la única alternativa valida para un autentico desarrollo nacional es su grupo político. Esta es la perniciosa lógica del movimientismo.
En este sentido, Néstor Kirchner, ¡si este hombre que ha manejado la economía argentina como si fuera un almacén!, con todas sus limitaciones morales e intelectuales, ha contribuido mas que nadie al debate electoral, planteando la discusión en términos de proyectos, modelos, paradigmas ideológicos, tomando una postura claramente de izquierda simbolizada en su defensa de las “retenciones”.
Mientras que la oposición no se organiza en base a proyectos e ideología, sino a vinculaciones o peleas personales, relaciones de amores y odios, simbolizadas, por que no, por el “enamoramiento” de Carrió hacia Prat Gay, más cercano en ideas al macrismo, con quien confronta, que al socialismo con quien comparte su espacio político.
Desde este punto de vista el kircherismo es progreso, y la oposición es reacción.
José Guillermo Godoy
Presidente del Centro de Estudios
de los Intereses Nacionales (CEIN. 1816)
Director General de Junior Achievement Tucumán.
Líder local de la Fundación Atlas 1853.
lunes, 8 de diciembre de 2008
miércoles, 3 de diciembre de 2008
viernes, 24 de octubre de 2008
Rousseau y el fin del capitalismo
Luego de la Segunda Guerra Mundial, salvo insignificantes grupos anacrónicos, ya nadie quería ser de derecha, parecía que la derecha había desaparecido del espectro político. A partir de los 80, se produjo la tendencia inversa, desde entonces se habló de la obsolescencia de la izquierda, de la muerte del socialismo, del fin de las revoluciones, de las utopías de las ideologías y algunos fueron más allá y proclamaron el fin de la historia. Casi 15 años después parece re-surgir el proceso inverso.
Los conceptos políticos, que en si no son entidades metafísicas definitivas y eternas y se modifican de acuerdo con la época y las circunstancias, también reciben adeptos de grupos que influyen determinando la opinión pública, de acuerdo a esas mismas circunstancias. Esto se conoce como el “espíritu del tiempo", del que son protagonistas principales, los orgullosos, y siempre a la moda, intelectuales franceses.
Rousseau, al igual que los intelectuales franceses del siglo XX, que al decir de Sebreli, durante largos años y en contra de toda evidencia, habían confundido a Stalin con Marx y al sentido de la historia con el destino del estalinismo y que luego, en lugar de responsabilizarse por el error cometido, les resultó menos hiriente para su narcisismo considerar que no eran ellos sino la historia misma la que se había equivocado, o mejor aún, que no había sentido alguno en la historia, o, al fin, que no había historia para nada, fue un autor con fuertes dotes intelectuales y originalidad, que su deseo de fama, mas que sus convicciones plasmadas en escrito, marcaron una época.
Así como cada época elige otra en el pasado para hacer de ella una fuente de modelos, los nuevos pronosticadores del fin del capitalismo pueden ser originales en todo, menos en lo de pronosticadores y en el contenido de su pronostico.
Así las grandes vedette de la izquierda –artistas escritores, periodistas, profesores, científicos- que fueron usados por el sistema estalinista, pero a la vez se aprovecharon de este, y que subsistieron durante la llamada década neo-liberal, ya disfrazada en el ropaje de sus adversarios, la izquierda democrática, ya aferrada al último bastión que es Cuba, ese museito folklórico de provincia donde se exhiben los restos arqueológicos de una civilización desaparecida, han vuelto para quedarse.
Así el vocero del Partido Laborista Británico dijo que “El actual desorden financiero es una crisis del capitalismo”. “Un sistema financiero no regulado es un desastre”, agrega Sheila Rowbotham, profesora de historia de la Universidad de Manchester. Un candidato izquierdista a la alcaldía de Londres agregó: “el Capitalismo tuvo su oportunidad y falló; ahora es el turno del socialismo”. A esto se le suma el amigo Ahmadinejad: "Es el fin del capitalismo".
Ziegler, el autor de Los nuevos Amos del Mundo, comparo a la crisis internacional con la caída del muro de Berlín. Santiago Niño Becerra y Lucinio González, catedráticos de la Facultad de Economía del Instituto Químico de Sarriá (IQS), pronostican el fin del capitalismo con algunos datos estadísticos, y así la totalidad de intelectuales y políticos progresista, seudo progresista, castristas, posmodernistas, setentistas, chavistas, posestructuralistas.
Hay que desconfiar de la originalidad absoluta, nadie piensa en el vacío, todo pensamiento es expresión de su tiempo y ningún hombre puede jamás escaparse totalmente de su época. Las ideas contra la corriente forman a su vez parte de otras corrientes, sólo que éstas permanecen subterráneas, ocultas o dispersas, pero están destinadas a aparecer, a hacerse notar en el momento en que la situación madure.
El meollo de la discusión estriba en la vigencia sin medida del mercado. La causa de la crisis, según se afirma, es el egoísmo humano, la codicia desenfrenada. Por ende hay que regular el mercado, limitar la libre acción humana. En el fondo de esta postura subyace la tesis que sostiene que el hombre es malo, por ende hay que controlarlo, regular su acción. Los ideólogos del nuevo orden se dedican a advertir sobre el peligro que representan las personas actuando por sí y para si y lo bueno que es que todo esté controlado y coordinado por mentes brillantes.
La mejor defensa de la libertad, debería ser el aporte de Rousseau, este viejo autor francés tan malmirado por la mala derecha, en gran parte culpable de esta crisis, y especialmente, por los liberales de aire acondicionado, en sus dos ramas, llámese marketinera/austriaca, los Zanoni, los Benegas Lynch, los Yeatts, y la rama correligionaria, que en su mayoría, al decir de José Benegas, está estudiando los alcances del derecho de propiedad en la distribución del pochoclo en los cines de barrio.
Tantos la mala derecha como los liberales de aire acondicionado, antes de criticar a Rousseau deberían re-leer sus textos, o en todo caso comenzar a leerlos, pues este autor, no solo dio un duro aporte a las ideas de libertad, sino que además en la situación actual, parte de su tesis puede ser la mejor defensa del capitalismo.
El problema parte de la misma complejidad del pensamiento de Rousseau. Siempre hay un Rousseau para refutar a otro Rousseau, o por lo menos así parece. La incoherencia de este escritor al decir de Richard Pipes, que a primera vista es evidente, se explica, a mi entender, con un poco de historia enmarcada en la propia personalidad del autor, y por que no, en la naturaleza de gran parte del intelectualidad francesa, siempre dispuesta a ser original para mejor vender.
La discusión surge de la lectura de dos trabajos que Rousseau realizó con motivos del concurso convocado por la academia de Dijon, en 1750. Pese a lo que comenta en sus Confesiones, sobre que se enteró de la invitación de la academia por un periódico abandonado que encontró en una de sus frecuentes caminatas por los alrededores de Paris, lo cierto es Rousseau, en un comienzo, trabó amistad con los ilustrados, y fue invitado a contribuir con artículos de música a la Enciclopedia de D’Alembert y Diderot; este último lo impulsó a presentarse en 1750 al concurso convocado por la Academia de Dijon. De acuerdo a las pautas del concurso, los temas a tratar eran la modernidad – ilustración, y la propiedad. Entonces Rousseau consultó a Diderot sobre cual debiera ser su postura para ser tenido en cuenta en el concurso. Diderot responderá que todos los trabajos que se presenten dirán que la modernidad y la propiedad son piedras fundamentales del progreso y contribuyen a la felicidad de la humanidad. De manera que lo original seria, presentar la postura contraria, y así se hizo. Su primer discurso Sobre las Ciencias y las Artes (1750), en abierto contraste con las ideas sobre el progreso dominantes en la Ilustración francesa, se convierte en el Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la desigualdad de los Hombres (1754) en una crítica de las estructuras sociales y políticas a través de un examen más cercano a las conjeturas antropológicas que al rigor histórico del estado primigenio del hombre natural y de las causas que crearon la sociedad y la desigualdad.
Ambos discursos fueron premiados por la academia, y le dieron notoria popularidad a Rousseau precisamente por que defendía una tesis contrario a la ideas de la época. Era original y le venia muy cómodo a los franceses. Esta fue la intención de Rousseau, al defender una tesis que no creía propia.
La postura pro-ilustración y propiedad, aparece evidenciado no solo en su Discurso sobre Economía Política, sino en numerosos artículos posteriores publicados en la enciclopedia. Este, creo yo, es el verdadero pensamiento de Rousseau, y no el contenido en dos discursos en donde defiende una tesis para ganar un concurso.
Pero paradójicamente, y aunque suene contradictorio, en los mismos trabajos presentados a la academia de Dijon, Rousseau esboza una tesis que es fundamental para la formación del pensamiento liberal:
En la actualidad, la postura contraria afirma que la Crisis fue causa de darle mayor libertad al hombre. Para esta postura, el hombre es evidentemente malo. Esto puede contrarrestarse, demostrando que la idea de que la crisis es causa de dar la mayor libertad de acción al hombre es, por lo menos, dudosa. Aunque esto es un tanto complicado ya que en nuestro siglo, y desde tiempo atrás, al parecer los enemigos del liberalismo descubrieron que la mejor manera de atacarlo era usando su nombre.
Pese a esto el Liberalismo no ha muerto, por que expresa anhelos perennes de justicia y libertad, por que muchos de los problemas que planteará de sus orígenes no han sido resueltos y difícilmente los sean en los limites del estatismo, por que es una ética, una teoría hipotética, y ésta es útil para que los hombres no se hundan en el desconcierto, en la trivialidad y en la indiferencia.
El fracaso de una teoría en la práctica, no siempre se convierte como lo pretende Leszek Rolakowski en un argumento en contra de sus propias premisas, y menos para principios que durante largo tiempo tuvieron tanto éxito. Del mismo modo que una idea falsa como el nazismo puede tener un éxito momentáneo, el fracaso aparente del liberalismo puede ser provisorio.
A las teorías y los principios, como a la policía de Raymond Chandler, jamás se les debe decir adiós.
José Guillermo Godoy
Director General de Junior Achievement Tucumán
Presidente del Centro de Estudios de los Intereses Nacionales.
Integrante del Programa de lideres locales de la Fundación Atlas 1853.
Etiquetas:
capitalismo,
Rousseau
lunes, 11 de agosto de 2008
¿Qué está mal en nuestras escuelas? - Libre para elegir - Milton Friedman
Después de una larga ausencia por razones personales, vuelvo a postear en el blog.
En este capítulo Milton Friedman analiza el sistema de educación pública, especialmente en los Estados Unidos. Llega a unas conclusiones interesantes, que espero les interese.
En este capítulo Milton Friedman analiza el sistema de educación pública, especialmente en los Estados Unidos. Llega a unas conclusiones interesantes, que espero les interese.
lunes, 23 de junio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
Las desventuras de Don Zoilo

Fuente: Coscorrones
Don Zoilo: ¡Sra Presidenta! ¿Qué la trae por la chacra? ¿Quiere un mate?
Presidenta: mire Don Zoilo, estuvimos pensando que el 50% de su chacra debe pasar a manos del pueblo.
Don Zoilo: ¿No le parece mucho eso Sra.?
Presidenta: estamos re-distribuyendo la riqueza, Don Zoilo, así que ya lo hemos decidido.
Don Zoilo: si Ud. lo dice Sra… Mire, aquí justito está la marca de la mitad, así que elija y quédese con la mejor parte…
Presidenta: bien Don Zoilo, veo que Ud. comprende las necesidades del pueblo.
Don Zoilo: Bueno Sra, haga suya la mitad que prefiera y listo, yo me tengo que ir a trabajar a la mitad que me queda.
Presidenta: ¿Sabe que pasa, Don Zoilo?… A nosotros -por ahora- nos interesa sólo la producción.
Don Zoilo: ¿Y qué quiere producir en su mitad Sra.?
Presidenta: quiero sembrar ese yuyo que me dijeron que crece solo y que llaman soja.
Don Zoilo: bueno Sra., como quiera, mande los tractores cuando le venga bien.
Presidenta: No Don Zoilo… ¿para qué? Utilice su tractor y listo.
Don Zoilo: Pero… ¿Me va a mandar el combustible Sra.?
Presidenta: No Don Zoilo… compre Ud. el combustible y listo.
Don Zoilo: Pero… ¿Y cuando me mandará el fertilizante, la semilla y el herbicida?
Presidenta: No Don Zoilo, vaya Ud. y compre esas cosas, y no me moleste más que tengo que ir de compras, ando corta de ropa y necesito algunas joyas.
…
Don Zoilo: ¡Presidenta! Disculpe que la llamo tan temprano, pero su mitad ya está lista para cosechar. Mande las cosechadoras cuando quiera.
Presidenta: No Don Zoilo, contrátelas Ud. nomás y coseche Ud mismo. No sea codicioso, que eso es un pecado capital. ¡Baje la soberbia Don Zoilo!
…
Don Zoilo: ¡Presidenta! Disculpe el atrevimiento, pero ya coseché, le pido que mande los camiones lo más pronto que pueda.
Presidenta: No, Don Zoilo, contrate Ud. los camiones y lléveme la producción al puerto.
Don Zoilo: Pero… Presidenta… Ya me sacó la mitad de la chacra, me hizo trabajar la tierra con mi tractor, puse el combustible, el fertilizante, la semilla, el herbicida, coseché y ahora tengo que pagar el flete… ¡Me voy a fundir!
Presidenta: No sea golpista Don Zoilo… ¡Redistribuya!
…
Don Zoilo: Presidenta, ya hice todo lo que quiso, pero le aviso que para la próxima campaña no voy a poder ocuparme de su mitad, me sale muy caro y ya no tengo más crédito.
Presidenta: -a los gritos- Don Zoilo, nunca pensé que Ud. iba a ser un oligarca desabastecedor antipatria…
Don Zoilo: No Sra., no soy esas cosas que Ud. dice, lo que sucede es que simplemente ya no me queda más dinero para explotar su mitad, casi no me queda nada para ocuparme de la mía, y me endeudé en el Banco hasta el cogote, eso es todo.
Presidenta: Bueno, ya veremos qué hacer con esa mitad que está dejando improductiva, pero le aviso que vaya preparándose para una confiscación. Voy a hablar con D’Elía a ver que dice, seguramente se la alquilaremos a algún pool de siembra y listo.
Don Zoilo: Ud. sabrá Sra…
Presidenta: Voy a ser curiosa Don Zoilo… ¿Qué va a hacer Ud. con la mitad que le queda?
Don Zoilo: Voy a tratar de sembrar soja, Sra. Tengo muchas deudas en el Banco, y una familia que mantener.
Presidenta: Bueno Don Zoilo, pero no se olvide entonces que de lo que produzca en su mitad me va a tener que dar el 50%.
Don Zoilo: Pero Sra.. ¡eso es injusto! Ya me sacó la mitad de la chacra, se llevó la cosecha, y me debe todos los gastos de la campaña. No se ensañe conmigo, me estoy fundiendo…
Presidenta: ¡Golpista! ¡Golpista! A Ud. nadie lo eligió Don Zoilo.
Don Zoilo: Pero…Sra… ¡Me está matando!
Presidenta: Veo humo por ahí… Ud. está quemando pastizales para dejar sin oxígeno a los argentinos, parece que no se contenta con desabastecer al pueblo.
Don Zoilo: No Sra. Es el rancho de mi vecino al que ustedes le hicieron lo mismo que a mí, pero el gringo no aguantó más y lo incendió con él adentro.
Presidenta: ¡Golpistas! ¡Golpistas!
viernes, 20 de junio de 2008
Creados iguales - Libre para elegir - Milton Friedman
En este capítulo, el quinto de la serie, Milton Friedman demuestra que no son los ricos los culpables de que haya pobres.
Históricamente, las normas estatales que buscan dar igualdad, sólo logran quitarle posibilidades de crecer a los de abajo. Las políticas a favor de los pobres son las que los sentencian a la pobreza.
Históricamente, las normas estatales que buscan dar igualdad, sólo logran quitarle posibilidades de crecer a los de abajo. Las políticas a favor de los pobres son las que los sentencian a la pobreza.
Etiquetas:
Creados iguales,
Igualitarismo,
Liberalismo,
Libertad,
Libre para elegir,
Milton Friedman
jueves, 19 de junio de 2008
Bernardo Neustadt. In Memoriam

por José Guillermo Godoy*
Uno elige, de algún modo, los autores que lee y los críticos que escucha, pero lo hace en circunstancia muchas veces impuestas.
Los maestros del pensamiento que uno adopta en la juventud, generalmente son los más leídos, por que se exhiben en las librerías, se los encuentra en la televisión o en la radio, o se habla de ellos en la generalidad de las charlas de café.
Esa predilección corresponde a las corrientes en vigencia tanto como al mayor o menor valor de cada autor o critico en si mismo. También depende de otras casualidades: los círculos frecuentados, los amigos que me recomiendan diferentes obras, o el azar que pone en mis manos un determinado libro o me sitúa frente a algún programa de televisión en particular.
Antes que cualquier otra aventura intelectual, estaba destinado a ser un Neustoniano. Por todo tipo de razones, menos por razones de época. Hacia tiempo había pasado su etapa de apogeo, recluido en un canal de cable donde emitían los programas políticos menos populares.
Pero de algún modo misterioso lo respiraba en el aire de aquel tiempo, y lo encontré antes de buscarlo.
Mi relación con Neustadt, no me avergüenza reconocerlo, tuvo la unilateralidad de los admiradores anónimos con los personajes olímpicos. Fui un corresponsal desconocido que le enviaba e-mails desaforadamente, desde el 2005 hasta estos días.
Neustadt fue mi guía a distancia, de algún modo mi mentor, mi iniciador, mi maestro. Cuando lo descubrí, deje de ser un adolescente desorientado, que leía poco y sin orden. Sus escritos y columnas me evitaron confusiones, perdida de tiempo, recorridos inútiles, aunque me introdujeron en engañosos laberintos que hube de desandar.
Las generaciones anteriores no imaginan el deslumbramiento que Bernardo podía provocar en un adolescente de 17 años.
Recuerdo que a fines del 2006 con motivo de un artículo de mi autoría, en cuyo titulo estaba contenido su nombre, me escribió a mi casilla personal lo siguiente:
“Le agradezco infinitamente que me haya bien interpretado, es la primera vez que me miro en mi propio espejo. Necesito que usted me llame para conversar con usted personalmente”. Lo llame varias veces, hasta que logré encontrarlo.
La falta de tiempo, mi timidez, mi vos entrecortada por el nerviosismo, me impidieron expresarle cuanto lo admiraba; sin duda habré sido para él la imagen borrosa de algún joven santiagueño entrometido pronto olvidada.
Neustadt no era argentino de nacimiento. Nació en Iasi, provincia de Moldavia (Rumania), el 9 de enero de 1925, pero a los diez meses sus padres viajaron a Argentina. Comenzó su carrera periodística siendo muy joven. A los 14 años ingresó al diario El Mundo. “En aquella pequeña e improvisada redacción, aprendió a titular, a vérselas con treinta páginas por fin de semana, a escribir desde la amargura de la derrota, a utilizar varios seudónimos para dar la impresión de que escribían varios periodistas, a narrar telegráficamente, a crear consignas ingeniosas, a comentar e interpretar lo que veía”, relata Jorge Fernández Díaz en Bernardo Neustadt - El hombre que se inventó a sí mismo, una biografía publicada en 1993.
En 1964 fundó la revista Todo y en 1965 el semanario Extra. En 1975 publicó la revista de economía y negocios Creer. En televisión, en gran parte junto a Mariano Grondona, realizó durante 30 años el programa semanal Tiempo Nuevo, hito de la televisión, que lleva el dudoso laudo de ser el programa mas censurado de la historia argentina.
Condujo, además, numerosos programas de radio.
Entre las personalidades nacionales e internacionales que entrevistó se encuentran: Charles De Gaulle, Erhard Ben Gurion, David Rockefeller, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Henry Kissinger, Mijail Gorbachov, Yasser Arafat, Simon Peres, Itzhak Rabin, Juan XXIII, Arthur Miller, José María Aznar, Felipe González, Collin Powel, Saburo Okita, Michael Porter, Fernando Enrique Cardoço, George Bush, Bill Gates, Gary Becker, Rudiger Dornbusch, Arthur Miller, Peter Druker, Regis Mc Kenna, Lee Iaccoca, Mario Vargas Llosa y Tom Peters, entre muchos otros.
Si me preguntan quien es Bernardo Neustadt, suelo contestar simplemente, que fue el inventor del periodismo político televisivo en Argentina, el innovador, el mentor de una nueva forma de trasmitir información, el hombre cuya imagen marco una época en nuestro país.
Rescato al último Neustadt. El que reivindica la cultura universal sobre el nacionalismo populista, la preferencia por lo clásico frente al vanguardismo. El que reivindica la democracia y las libertades individuales. También aquel que repudió al fascismo, estalinismo, franquismo y al castrismo aunque le faltó igual denuncia a las dictaduras militares apoyadas por sus amigos liberales.
En fin, rescato a ese crítico independiente y agudo, original, perspicaz y realista casi pesimista, que pasó la mitad de su vida demostrando que la Argentina no tenia salida y la otra mitad esperando estar equivocado.
Soy lector de Neustadt antes que un curioso del arte de escribir, y reivindico esto, al decir de Sebreli, como una actitud contraria al mito romántico de la “originalidad”.
Parafraseando a Borges, diría que mi escasa creación, es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que he leído y escuchado de Bernardo Neustadt.
*Presidente de Centro de Estudio de los Intereses Nacionales filial Tucumán.
Director General de Junior Achievement Tucumán.
Integrante del programa de líderes locales de la Fundación Atlas 1853.
Los maestros del pensamiento que uno adopta en la juventud, generalmente son los más leídos, por que se exhiben en las librerías, se los encuentra en la televisión o en la radio, o se habla de ellos en la generalidad de las charlas de café.
Esa predilección corresponde a las corrientes en vigencia tanto como al mayor o menor valor de cada autor o critico en si mismo. También depende de otras casualidades: los círculos frecuentados, los amigos que me recomiendan diferentes obras, o el azar que pone en mis manos un determinado libro o me sitúa frente a algún programa de televisión en particular.
Antes que cualquier otra aventura intelectual, estaba destinado a ser un Neustoniano. Por todo tipo de razones, menos por razones de época. Hacia tiempo había pasado su etapa de apogeo, recluido en un canal de cable donde emitían los programas políticos menos populares.
Pero de algún modo misterioso lo respiraba en el aire de aquel tiempo, y lo encontré antes de buscarlo.
Mi relación con Neustadt, no me avergüenza reconocerlo, tuvo la unilateralidad de los admiradores anónimos con los personajes olímpicos. Fui un corresponsal desconocido que le enviaba e-mails desaforadamente, desde el 2005 hasta estos días.
Neustadt fue mi guía a distancia, de algún modo mi mentor, mi iniciador, mi maestro. Cuando lo descubrí, deje de ser un adolescente desorientado, que leía poco y sin orden. Sus escritos y columnas me evitaron confusiones, perdida de tiempo, recorridos inútiles, aunque me introdujeron en engañosos laberintos que hube de desandar.
Las generaciones anteriores no imaginan el deslumbramiento que Bernardo podía provocar en un adolescente de 17 años.
Recuerdo que a fines del 2006 con motivo de un artículo de mi autoría, en cuyo titulo estaba contenido su nombre, me escribió a mi casilla personal lo siguiente:
“Le agradezco infinitamente que me haya bien interpretado, es la primera vez que me miro en mi propio espejo. Necesito que usted me llame para conversar con usted personalmente”. Lo llame varias veces, hasta que logré encontrarlo.
La falta de tiempo, mi timidez, mi vos entrecortada por el nerviosismo, me impidieron expresarle cuanto lo admiraba; sin duda habré sido para él la imagen borrosa de algún joven santiagueño entrometido pronto olvidada.
Neustadt no era argentino de nacimiento. Nació en Iasi, provincia de Moldavia (Rumania), el 9 de enero de 1925, pero a los diez meses sus padres viajaron a Argentina. Comenzó su carrera periodística siendo muy joven. A los 14 años ingresó al diario El Mundo. “En aquella pequeña e improvisada redacción, aprendió a titular, a vérselas con treinta páginas por fin de semana, a escribir desde la amargura de la derrota, a utilizar varios seudónimos para dar la impresión de que escribían varios periodistas, a narrar telegráficamente, a crear consignas ingeniosas, a comentar e interpretar lo que veía”, relata Jorge Fernández Díaz en Bernardo Neustadt - El hombre que se inventó a sí mismo, una biografía publicada en 1993.
En 1964 fundó la revista Todo y en 1965 el semanario Extra. En 1975 publicó la revista de economía y negocios Creer. En televisión, en gran parte junto a Mariano Grondona, realizó durante 30 años el programa semanal Tiempo Nuevo, hito de la televisión, que lleva el dudoso laudo de ser el programa mas censurado de la historia argentina.
Condujo, además, numerosos programas de radio.
Entre las personalidades nacionales e internacionales que entrevistó se encuentran: Charles De Gaulle, Erhard Ben Gurion, David Rockefeller, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Henry Kissinger, Mijail Gorbachov, Yasser Arafat, Simon Peres, Itzhak Rabin, Juan XXIII, Arthur Miller, José María Aznar, Felipe González, Collin Powel, Saburo Okita, Michael Porter, Fernando Enrique Cardoço, George Bush, Bill Gates, Gary Becker, Rudiger Dornbusch, Arthur Miller, Peter Druker, Regis Mc Kenna, Lee Iaccoca, Mario Vargas Llosa y Tom Peters, entre muchos otros.
Si me preguntan quien es Bernardo Neustadt, suelo contestar simplemente, que fue el inventor del periodismo político televisivo en Argentina, el innovador, el mentor de una nueva forma de trasmitir información, el hombre cuya imagen marco una época en nuestro país.
Rescato al último Neustadt. El que reivindica la cultura universal sobre el nacionalismo populista, la preferencia por lo clásico frente al vanguardismo. El que reivindica la democracia y las libertades individuales. También aquel que repudió al fascismo, estalinismo, franquismo y al castrismo aunque le faltó igual denuncia a las dictaduras militares apoyadas por sus amigos liberales.
En fin, rescato a ese crítico independiente y agudo, original, perspicaz y realista casi pesimista, que pasó la mitad de su vida demostrando que la Argentina no tenia salida y la otra mitad esperando estar equivocado.
Soy lector de Neustadt antes que un curioso del arte de escribir, y reivindico esto, al decir de Sebreli, como una actitud contraria al mito romántico de la “originalidad”.
Parafraseando a Borges, diría que mi escasa creación, es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que he leído y escuchado de Bernardo Neustadt.
*Presidente de Centro de Estudio de los Intereses Nacionales filial Tucumán.
Director General de Junior Achievement Tucumán.
Integrante del programa de líderes locales de la Fundación Atlas 1853.
lunes, 16 de junio de 2008
De la cuna a la tumba - Libre para elegir - Milton Friedman
Milton Friedman desarrolla en el cuarto capítulo de su serie de documentales un estudio sobre los programas de seguridad social y explica por qué no funcionan a pesar de estar bien intencionados.
Etiquetas:
De la cuna a la tumba,
Libertad,
Libre para elegir,
Milton Friedman
miércoles, 11 de junio de 2008
La inflación no es culpa de la soja
Éstos son dos spots publicitarios que no pudieron pasarse por televisión por falta de fondos, a diferencia de los del gobierno; total, ellos sí tienen nuestra guita para hacerse publicidad.
Ayudemos, si no se pasan por la tele por lo menos que nos lleguen por internet. Mandenselós a todos los contactos que puedan.
El pan no sube por culpa de la soja
La carne no sube por culpa de la soja
Ayudemos, si no se pasan por la tele por lo menos que nos lleguen por internet. Mandenselós a todos los contactos que puedan.
El pan no sube por culpa de la soja
La carne no sube por culpa de la soja
Etiquetas:
Campo,
Carga impositiva,
Carne,
Control Estatal,
Impuestos,
Inflación,
La tiranía del control,
Pan,
Rebelión fiscal,
Robo,
Soja
sábado, 31 de mayo de 2008
Anatomía de la crisis - Libre para elegir - Milton Friedman
En el tercer capítulo de su serie de documentales, Milton Friedman analiza y desglosa las causas que provocaron la crisis del ´29.
Etiquetas:
Anatomía de la crisis,
Crisis del ´29,
Libre para elegir,
Milton Friedman
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

